noviembre 26, 2020

Hacia una enseñanza inclusiva

por: Verónica Velazco Rivera 

La acción educativa como motor fundamental para cambiar el trato y aceptación de las personas con discapacidad en la sociedad.

En la actualidad el sistema educativo boliviano está atravesando por diversas transformaciones, producto de los cambios sociales que han ido aconteciendo. Dentro de estas evoluciones se ha prestado especial interés por la atención de algunas problemáticas o sectores de la población, es así que no se puede negar que ha existido un acercamiento a la atención de personas con discapacidad. Una de las acciones inéditas en Bolivia fue el emprendimiento de la Misión Solidaria ‘Moto Méndez’ impulsada por el entonces denominado Ministerio de Salud y Deportes, dentro de este macroproyecto se logró identificar y garantizar puerta a puerta a personas que presentaban algún tipo de discapacidad, así como atender médicamente y dotar prótesis, aparatos de desplazamiento, dispositivos de audio y oculares. Producto de este trabajo, y la presión de estos sectores, el año 2012 se promulgó la Ley General para personas con discapacidad, en donde se construye un sistema de protección integral y trato preferente sobre la base de la igualdad de condiciones y oportunidades, la inclusión, la no discriminación y la asistencia económica del Estado.

A pesar de estos avances y esfuerzos conjuntos, la visibilización y reconocimiento solo es el primer paso para lograr un desarrollo de inclusión social pleno, es en este proceso donde el rol de la educación es fundamental para cambiar el trato y aceptación de las personas con discapacidad en la sociedad. El trabajo realizado solamente llegó a la superficie del problema, si bien se clasifica las discapacidades, se diagnostica las deficiencias y se orienta terapias o tratamientos en función de necesidades especiales, esto debe llevarnos a profundizar un trabajo multidisciplinario y de atención diferenciada desde el proceso de enseñanza aprendizaje, el cual responda a una educación personalizada y particularizada en correspondencia con las múltiples necesidades y potencialidades que se presentan.

Desde la experiencia, en Bolivia existen centros de educación especial que atienden a personas con discapacidad, las cuales requieren de apoyo permanente en los procesos educativos de atención directa e indirecta, pero el trabajo pedagógico y multidisciplinario que se desarrolla es cuestionable en gran parte de estos centros. Para una educadora especial (o educador) es un problema mayúsculo lograr atender a personas con distintas discapacidades y diferentes edades en un solo ambiente, hecho que es muy común en este tipo de centros. Así también muchos de estos centros funcionan como guarderías y no cuentan con las condiciones mínimas que requiere el desarrollo del proceso de enseñanza-aprendizaje especial, por otro lado si bien existe un involucramiento de los padres y madres de familia no existe un acompañamiento al proceso formativo, por lo que carecen de herramientas y estrategias que permitan un desarrollo integral del niño o niña. Sin duda, estos son elementos que afectan al desempeño pedagógico, social, psicoafectivo y emocional del estudiante y terminarán jugando en contra en el proceso de inclusión, a la cual se debe encaminar la educación especial.

Por otro lado, no se puede separar la educación especial de la educación regular, dentro del sistema educativo regular se pueden identificar múltiples potencialidades y necesidades que tienen los estudiantes, dentro de este grupo se pueden identificar a estudiantes con talento extraordinario, estudiantes con dificultades en el aprendizaje, específicas y generales. En cada escuela y en cada clase hay un ciclo de evaluación, planificación, enseñanza y revisión de las necesidades de todos los/as estudiantes, que aprenden y progresan dentro de condicionamientos locales, pero para aquellos que encuentran dificultades no existen ayudas y/o apoyos específicos para la atención adecuada durante todo el proceso formativo. Por ello, se tienen problemas en las unidades educativas y terminan afectando al rendimiento de los estudiantes; esta situación es muy preocupante, debido a que gran parte de los docentes carecen de una formación pedagógica que les permita comprender elementos de la educación especial y hace que traten ciertas capacidades múltiples como problemas de comportamiento de los estudiantes, las cuales requieren de intervención pedagógica.

Ante esta situación, se debe trabajar en procesos de aprendizaje conjuntos, es decir la tarea esencial de un profesional en educación especial debe ser flexible, transformador, fomentar el trabajo mediante la búsqueda de lo desconocido, de manera que se forme en el estudiante la necesidad constante de aprender y solucionar problemas, el docente debe poseer herramientas de trabajo intelectual, metodológico y didáctico que le permitan realizar su función social; así también debe buscar alternativas de superación, intervención, corrección, estimulación, logrando una capacidad para atender la diversidad que tiene dentro de su grupo, permite una transición adecuada y plena de las personas con discapacidad al Sistema Educativo Plurinacional. Por otro lado, y de forma muy personal, el educador especial debe suministrar los conocimientos al docente regular, para juntos acompañar el proceso de transitoriedad inclusiva y continua. Pero, en el actual sistema educativo, la atención a la población con discapacidad no cuenta con profesionales capacitados sobre los fundamentos, conceptos y avances que se realizan y debaten en el campo de la educación especial.

Todo lo planteado permite exponer una aspiración mayor que se tiene sobre la educación especial en Bolivia: asegurar el acceso e inclusión de las personas con discapacidad a la educación técnica, productiva y universitaria. Por ello se busca la introducción en la educación y la sociedad de sistemas de comunicación que permitan tender puentes de diálogo y reconocimiento; es importante que se masifique la enseñanza del Lenguaje de Señas Bolivianas (LSB), el Sistema de Braille, la digito comunicación, entre otras didácticas especiales, convirtiéndolas en asignaturas obligatorias en los centros de formación docente. Pero esto no se podrá concretar sin la participación y compromiso activo de los actores de la comunidad educativa, así también es necesario que el Estado profundice su política de inclusión social más allá de la cultura, puesto que una política de inclusión no solo permite el reconocimiento entre diferentes sino nos hace más humanos. 


*          Licenciada en educación especial.

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