diciembre 3, 2020

Los que luchan y los que lloran

En la tarde del 8 de enero de 1959 Fidel Castro, en su primer discurso en La Habana, tras el triunfo de la Revolución, no vaciló en decir: “No nos engañemos creyendo que en lo adelante todo será fácil; quizás en lo adelante todo sea más difícil”.

Casi tres décadas después de aquellas palabras, un joven teniente coronel llamado Hugo Rafael Chávez Frías, tras ser detenido y responsabilizado del levantamiento cívico militar que pretendía derrocar al presidente Carlos Andrés Pérez, en febrero de 1992, ante decenas de miles de televidentes que le escuchaban en toda Venezuela expresó: “Lamentablemente, ‘por ahora’, los objetivos que nos hemos propuesto no fueron logrados”.

Apenas 11 años tenía el niño Robert Serra cuando Chávez fue electo presidente de Venezuela, doce años más tarde se convertiría en el diputado más joven de la historia de aquel país y en el referente obligado para todas y todos los niños, adolescentes y jóvenes bolivarianos. Por su vida misma y expresar que “nuestra prioridad no es un cargo, sino hacer irreversible la revolución”, fue asesinado en octubre pasado por sicarios estrechamente vinculados con el perverso ex presidente derechista colombiano Álvaro Uribe.

Con apenas 28 años el joven estudiante de pedagogía Rodrigo Avilés, el 21 de mayo, salió a manifestarse por las calles de Chile reclamando una educación pública, gratuita y de calidad, siendo brutalmente reprimido por una policía que le produjo daños cerebrales que hasta hoy le mantienen en un coma inducido y conectado a ventilador mecánico.

Días después de la agresión a Rodrigo, los estudiantes secundarios que le conocían, a rostro descubierto y desafiando a la misma autoridad golpeadora, desplegaron un lienzo en las afueras del palacio presidencial que decía: “El maestro luchando también está enseñando”.

¿Se fija Ud.? No hay duda de que la historia está del lado de los que luchan y no de los que lloran.

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