noviembre 30, 2020

¿Coincidencias?

La cruzada por el TIPNIS, organizada por ONG y apoyada por la oposición política, está demostrando las hilachas de las que está construida pues con la aclaración realizada por la hija de Gonzalo Sánchez de Lozada se va completando el rompecabezas.

Con una ingenuidad que vale la pena resaltar, afirma que durante el gobierno neoliberal se crearon cuatro “áreas protegidas”, es decir, esos reductos de dudoso control estatal, muchas veces mediados por ONG.

A partir de la promulgación de la nueva CPE, existe, de facto, una nueva dimensión del territorio y su gestión, poniendo en cuestión la clasificación impuesta desde los centros de poder colonial, de esta manera los territorios de “reserva fiscal”, como el caso del Mutún, tienen otro tratamiento que está encaminado hacia la redistribución como “bien común”.

Entonces, todo el ordenamiento de gestión territorial tiene que combinar variables enmarcadas en el objetivo central de potenciar la construcción del Estado Plurinacional.

No debe extrañar que el proceso de desmontar el colonialismo tenga que ver con la ruptura de visiones y teorías respecto al medio ambiente y su conservación, no existe contradicción en el uso de recursos naturales y la Pachamama, cuestión que algunos autonombrados defensores del medio ambiente, endilgan al gobierno actual.

Para aquellos, sobre todo profesionales con visión occidental y de posturas más bien anarquistas en lo político, debemos recordarles que la Pachamama jamás dejará que sus hijos mueran de hambre, por eso su generosidad en los dones que ha creado para ser armónicamente redistribuidos.

Haciendo conexiones entre los defensores de un medio ambiente, con una mentalidad dogmática del conservacionismo ecologista, ya superado en los años 90, y lo que definió el neoliberalismo, concluiremos que son nada menos que defensores de las políticas neoliberales de gestión territorial, reservando territorios para luego privatizarlos –vía ONG–; ese es el negocio que ven escurrirse de sus manos y, claro, ya sabemos, nadie quiere perder sus privilegios, especialmente los neoliberales, hoy conchabados con anarquistas, “verdes” y algunos dirigentes re-colonizados.

La explotación de los recursos naturales ha sido una constante histórica, lamentablemente el destino final fue la acumulación de la riqueza en pocas manos: primero de los dueños de la renta de la tierra y, luego, de quienes lograron las “concesiones” mineras, forestales, etc.

Debemos recordar la imposición de la mita como sistema de acumulación de capital y no como un sistema de trabajo comunitario para beneficio de la comunidad.

Por supuesto que toda actividad de transformar los recursos naturales en bienes comunes debe ser acompañada de medidas restitutivas de los ecosistemas; existen variadas técnicas para este cometido aunque, lamentablemente, los discursos con apariencia académica, pretenden usurpar los derechos de los pueblos –en plural– acerca de un territorio que es un bien común del conjunto del Estado plurinacional.

Si no fuera así, estamos apoyando un sistema de propiedad privada exclusiva, perdiendo la perspectiva de complementariedad de los ecosistemas; no se trata del problema TIPNIS, se trata del futuro de 10 millones de personas y de la consolidación de un Estado.

El discurso anarquista, mal digerido, ha tenido cabida en una juventud despolitizada –producto del ajuste neoliberal–. Aquel pensamiento rico en su propuesta libertaria a comienzos del siglo XVIII, ha tenido un acento creciente en la libertad individual, coincidiendo con el fundamento liberal-capitalista de la defensa del individuo por encima de la comunidad, tal vez este aspecto fue el que bifurcó al marxismo y el anarquismo.


* Es escritor e historiador potosino.

Be the first to comment

Deja un comentario