diciembre 4, 2020

La crisis no es de Grecia, es de la Unión Europea

por: Juan Manuel Karg

Los gobiernos conservadores de buena parte de la UE deben entender que la crisis griega es la expresión económica de una crisis política del bloque.

Objetivamente, Grecia no puede pagar

El histórico referéndum que Grecia celebrará este domingo, independientemente del resultado, será el blanqueamiento formal de un hecho ya verificado en los hechos concretos durante la semana: el país heleno, sumido en un lustro de retracción económica por las políticas de “austeridad” que a Atenas le fueron impuestas desde Bruselas, no puede abonar los compromisos de deuda que la Troika –Banco Central Europeo, Fondo Monetario Internacional y la Comisión Europea – le exige.

Este es el punto inicial de cualquier análisis que se pretenda hacer, más allá del contenido ideológico que acompañe a esta realidad de acuerdo al enfoque del analista en cuestión: Grecia retrocede hace cinco años, y la salida claramente no es con más “austeridad” y recortes. “Los muertos no pagan”, dijo alguna vez Néstor Kirchner respecto al FMI, antes de que Argentina comience a recuperarse económicamente. Esa frase adquiere notable vigencia en el debate actual respecto a la puja entre Tsipras y la Troika.

Reconocidos economistas internacionales piden reestructurar la deuda griega

Verificando el punto anterior, nada menos que dos distinguidos premios Nobel de Economía, como Paul Krugman y Joseph Stiglitz, han pedido votar por el “No” el domingo. En una columna de opinión en el New York Times, Krugman justificó su decisión de apoyar al gobierno de Syriza, al decir que “más austeridad es un callejón sin salida; tras cinco años de austeridad Grecia está peor que nunca”.

Sin embargo, también economistas provenientes de escuelas ortodoxas se han manifestado por la reestructuración: Paul De Grauwe –London School –; Barry Eichengreen –Berkeley –; Ken Rogoff –Harvard –; y Simon Wren-Lewis –Oxford –, entre otros, le plantearon recientemente a El País de España que el primer paso para la resolución del problema consiste en una reestructuración de la deuda griega que permita en primer lugar el crecimiento económico del país, y luego, el pago de los compromisos –renegociados – adquiridos.

Incluso, saliendo del ámbito puramente económico, influyentes personalidades de otras disciplinas han planteado perspectivas similares. Un ejemplo contundente de esto que señalamos: el destacado filósofo alemán Jürgen Habermas manifestó a la prensa alemana que “estamos otra vez en crisis con Atenas porque a la canciller alemana, ya en mayo de 2010, los intereses de los inversores le importaban más que una quita de la deuda para sanear la economía griega”.

El objetivo político de fondo de la derecha europea es que Syriza se vaya

Si el objetivo económico es disciplinar a través del euro y los organismos de crédito tradicionales al conjunto de los países de la Unión Europea, el trasfondo político es una decisión clara: que Syriza no muestre que hay un hueco posible al actual status quo europeo, y se vea forzado a una salida del poder que imposibilite un cambio en otros países. Con esa visión lineal, lamentablemente, actuaron algunos equipos negociadores en los últimos meses: detrás de la intransigencia de Rajoy y De Guindos, Presidente y Ministro de Economía de España respectivamente, había más de temor al emergente Podemos que un análisis concreto de los beneficios de una reestructuración griega, para Europa, e incluso a mediano plazo para la propia España –con una deuda pública del100% del PBI, según el Banco de España, una preocupante estadística a mediano plazo –.

Para actuar con racionalidad e inteligencia, los gobiernos conservadores de buena parte de la UE deben entender que la crisis griega es la expresión económica de una crisis política del bloque, cuyos grandes acuerdos iniciales –entre ellos un “Estado de bienestar” para las mayorías– están siendo cuestionados. ¿Cómo comprender, sino, que tras los “rescates” la deuda pública griega haya subido un 40%, disparándose del 140% al 180% del PBI? ¿Cuál será el futuro de Portugal y España, países con deudas del 130% y 100%, respectivamente, respecto a su PBI? El crecimiento de organizaciones y movimientos políticos que en diversos países ponen en cuestión el “orden de cosas” actual de la UE es la muestra empírica de un nuevo momento europeo.

En la disputa geopolítica, EE.UU. intenta resolver el dilema griego dentro de la UE

Este punto ha quedado claro en los últimos días: con los llamados de Obama a Merkel y Hollande, Estados Unidos se ha puesto a la cabeza del intento de “acercar posiciones” entre Atenas y Bruselas. Esto confirma dos cosas. En primer lugar, que la Unión Europea tiene una autonomía relativa respecto a las decisiones de Washington en el tablero geopolítico, algo verificable con anterioridad –por ejemplo el año pasado respecto a Ucrania– pero reforzado durante estas horas.

En segundo lugar, que el poder político, económico y financiero norteamericano prefiere resolver la crisis griega dentro de la UE a fin de evitar una “expulsión” de Atenas al ámbito de los BRICS. Es conocido el ofrecimiento que, semanas atrás, Putin le hizo llegar a Tsipras sobre una posible participación de Atenas en el naciente Banco de Desarrollo de los BRICS, que se inaugurará formalmente en Rusia el 7 de julio próximo.

Washington teme a que la intransigencia de Bruselas respecto a las contraofertas de Tsipras termine por romper todo puente con la UE, reforzando asimismo la alianza geopolítica de Grecia con Rusia.

Tsipras juega sus horas más difíciles, de las cuales puede salir fortalecido si es astuto y a la vez pragmático

Todo liderazgo político que pretenda quedar en la historia de sus naciones –y sus pueblos– debe pasar momentos de convulsiones y de reconfiguraciones. ¿Por qué? Porque en definitiva los pueblos son los que “ponen a prueba” a los grandes líderes, a aquellos que en un momento se atreven a decir: “No, hasta acá. El camino nuestro es distinto”. Tsipras vive horas cruciales para su carrera política: se ha decidido a enfrentar, desde una nación diminuta, a poderes inmensos, superlativos en escala. Como se ve es una pelea desigual, un ajedrez que supone múltiples riesgos, pero que en definitiva ha sido el plan de acción que buena parte de los griegos le encomendaron a su arribo al cargo de Primer Ministro: velar por los intereses de las grandes mayorías.

La pequeña Grecia, con sólo 11 millones de habitantes y 130 mil km2, es hoy el centro de la escena política internacional por una novedad en la UE, que, sin embargo, ha parido cambios en todo el mundo desde que la historia es historia: no dar el brazo a torcer ante la imposición externa. No se trata de idealismos abstractos sino de buscar una salida concreta a un problema concreto, con astucia pero también pragmatismo. La UE debe hacerse cargo: la mal llamada “crisis griega” es, con claridad, una crisis europea.


* Analista internacional y politólogo argentino • @jmkarg*

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