diciembre 2, 2020

De Quito a Santa Cruz: El Evangelio según el Papa Francisco

Su estancia en Bolivia se extendió por tres días y se produjo 27 años después que Juan Pablo II nos visitara

Entre Dostoievski y Bob Dylan

Jorge tenía 28 años cuando en Manhattan, Nueva York, a la gritona señal de “¡Negro!, quita las manos de mi bolsillo”, dos hombres decidieron disparar en dieciséis oportunidades contra El-Hajj Malik El-Shabazz, también conocido como Malcom-X, arrebatándole la vida al líder negro.

Tres años después, tras asomarse por el balcón de la habitación 306 del Motel Lorraine, Memphis, el Nobel de la Paz, reverendo Martin Luther King Jr., era abatido por la certera bala de un racista francotirador.

La década del sesenta marcó a plenitud la vida del papa Francisco, entonces llamado Jorge Mario.

Hijo de migrantes italianos que deciden arrancar de la Italia fascista de Mussolini y asentarse en Buenos Aires, Jorge nace en 1936, criándose junto a sus hermanos, siempre al cuidado de su abuela, su madre y su padre, trabajador ferroviario.

Hincha del club de fútbol argentino San Lorenzo de Almagro, su temprana adolescencia la comparte con su “novia” Amalia. Tiene 12 años y está pronto a dedicarse a los estudios de química, de los que se graduará como técnico en el liceo Hipólito Yrigoyen.

Su madurez transcurre leyendo a Borges y Dostoievski y haciéndose de la rebeldía sesentera por medio de las canciones de Bob Dylan, cuya “Blowin’ in the wind” le cautivará profundamente.

Los tangos de Carlos Gardel, Julio Sosa y Ada Falcón los suele intercambiar con melodías de la cantora folk Patty Smith, y más recientemente, con la banda punk Callejeros.

Jorge tiene 20 años cuando decide ingresar a la Compañía de Jesús para estudiar el sacerdocio y ordenarse jesuita. Estudia literatura, filosofía, teología y psicología, completando su formación con una maestría en Química.

De portero de discotecas a Papa. Jorge o Francisco –como Ud. prefiera llamarle– es tal vez la visita más ilustre y controvertida que ha hecho “gira por Suramérica” en estos días.

Como buen pecador, se confiesa cada quince días, y no ha dudado en cambiar el “Papa móvil” por un modesto city car Fiat, además de renunciar a vivir en el suntuoso Palacio Apostólico Vaticano, al que ha cambiado por la casa de Santa Marta.

Hijo de su tiempo, rockero confeso, Francisco recientemente nos ha hecho una visita.

En las tierras de Rumiñahui

Fue a mediados de abril cuando en mensaje vía twitter el presidente Rafael Correa hizo estallar en risas a decenas de cientos de miles de personas que en las redes sociales pudieron leer chiste que el Papa le había contado en su reciente encuentro en el Vaticano.

Dice Correa que el papa Francisco le comentó que una vez que el cónclave cardenalicio le eligió como Sumo Pontífice no pocos estaban paralizados por el nerviosismo ya que imaginaron que como buen argentino tal vez quisiera llamarse: Jesús II.

Con esa complicidad el primer mandatario ecuatoriano fue a recibir al Papa, el domingo pasado, al Aeropuerto Mariscal Sucre de Quito. Y, para sorpresa de muchos, el viento capitalino fue el primero en dar la bienvenida al ilustre visitante “volándole” el blanco solideo que cubría su cabeza.

Cuatro días permaneció el Papa en el hermano país tropical en lo que es su primera visita oficial apostólica a nuestro continente.

Al bajar del avión de Alitalia, las primeras palabras que pronunció fueron de felicitaciones al “pueblo ecuatoriano que se ha puesto de pie con dignidad”. En efecto, la Revolución Ciudadana cuenta con un apoyo popular que asciende al 65%, algo inédito en la historia de ese país.

El día lunes, 800 mil personas se congregaron en el Parque Samanes para escuchar la Santa Misa que dirigiera, con 32º de calor, en la costeña ciudad de Guayaquil. En la cita habló a favor de la inclusión y atacó el individualismo.

Antes de partir, en actividad con jóvenes estudiantes de la Pontificia Universidad Católica confesó lo inconfesable: “tengo un discurso preparado, pero la verdad es que no tengo ganas de pronunciarlo”. El diálogo con los estudiantes, la sociedad civil, la curia y el pueblo ecuatoriano, fue fluido y enriquecedor reparando en lo “alegre, religioso y piadosos” que habían sido sus anfitriones en cada lugar visitado.

Andar los Andes

Las primeras horas del Papa en nuestro país las pasó en El Alto, donde arribó a media tarde del miércoles.

Su estancia en Bolivia se extendió por tres días y se produjo 27 años después que Juan Pablo II nos visitara.

Las tierras de Katari no le son ajenas pues las había visitado en numerosas ocasiones como Jorge Mario, provincial de los jesuitas en Argentina.

Pero, el país que visitaba no era el que conociera ya que ahora encontraba un presidente indígena y un efervescente proceso de cambio que se ha dado a la ambiciosa tarea de redimir al ser humano y que en menos de una década ha reducido la pobreza en un 50%, además de reconocer a los 36 pueblos indígenas que integran el ahora Estado Plurinacional.

En reconocimiento de aquella hazaña es que tal vez insistió, en la Santa Misa oficiada en el Parque del Cristo Redentor de Santa Cruz, donde se congregaron 1 millón de devotos, en que “no es necesario excluir a nadie, no es necesario que nadie se vaya, basta de descartes”.

En esta misma ciudad, en la clausura del II Encuentro Mundial de Movimientos Populares, antes de partir a Paraguay, continuó con su prédica por la redención del hombre en momentos de crisis mundial: “cuando el capital se convierte en ídolo arruina la sociedad y condena al hombre”.

En sus palabras de despedida enfatizó no tener “monopolio” del entendimiento de la realidad social y del deber moral de crear las condiciones para que los más pobres vivan dignamente en un sistema que “no aguanta más”. Tres “T” son la tarea que nos dicta: tierra, techo y trabajo.

El histórico mea culpa del Sumo Pontífice tampoco pasó desapercibido: “Pido humildemente perdón por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América”.

Luis Espinal ¡Presente!

El mártir de la Iglesia boliviana, cura obrero y líder social, el hispano-boliviano Luis Espinal Camps tuvo su justo reconocimiento de parte del papa Francisco.

Rumbo a La Paz, detuvo la comitiva por unos minutos para rendir homenaje al catalán, en las proximidades donde lo asesinaran, la madrugada del 22 de marzo de 1980, los esbirros de la dictadura de García Meza.

El Papa sin equívocos recalcó que “el padre Espinal predicó el Evangelio y ese Evangelio molestó y por eso lo eliminaron”. Prosiguiendo: “hagamos un minuto de silencio en oración y después todos recemos juntos”.

Horas más tarde, en la reunión privada que sostuvo con el presidente Evo Morales, recibió de este último una réplica del crucifijo artesanal que el propio Espinal construyera y fijara sobre su escritorio, símbolo que representaba la unión del cristianismo y el marxismo a través de una cruz con forma de martillo en cuya base se aprecia la hoz.

Despedida

El Papa rockero, el que bendijo la reciente copa obtenida por el club San Lorenzo –del cual es socio desde el 2008–, el que no dudó en rifar por 230 mil euros la moto que le regalara la prestigiosa empresa Harley Davidson con motivo de su aniversario 110, el que sorprendió a un grupo de inquisidores y escrupulosos periodistas diciéndoles que los “homosexuales son hijos de Dios, y Dios los quiere porque quiere a todos”, una vez más, nos ha inundado con ideas y reflexiones que nos hacen pensar sobre el camino hasta aquí recorrido pues su visita no dio espacio a mensajes confusos ya que toda su prédica estuvo dedicada a los más pobres.

Después de su partida, en entrevista para la cadena noticiosa Telesur, el presidente Evo Morales señaló: “yo diría que el papa Francisco, hermano papa Francisco, es un Papa que se preocupa fundamentalmente por los más pobres, los abandonados. Ahora sí tengo Papa”.

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