noviembre 29, 2020

¿Quién va a asumir las derrotas?

por: Adriana Guzmán Arroyo

Por supuesto que en el mundo las cosas no son victorias y derrotas nada más, pero en el pensamiento eurocéntrico dicotómico del que viene la democracia electoralista hay victorias y derrotas que son necesario asumir para profundizar el proceso de cambio.

Las victorias del MAS-IPSP, a la cabeza de Evo Morales el 2005, el 2009 y con más del 61% en las elecciones de octubre de 2014, han sido asumidas y plenamente ejercidas por el gobierno a través de discursos, políticas públicas y acciones desde sus diferentes instancias; igualmente han sido asumidas por las organizaciones sociales que del Pacto de Unidad han pasado al CONALCAM como espacio de deliberación, de articulación ampliada y de diálogo desde donde se mandata al gobierno y al compañero Evo Morales. Las recurrentes y abrumadoras victorias en elecciones nacionales muestran además que las y los bolivianos, más allá de la región territorial, la identidad y la clase, apuestan por un proyecto político nacional.

Pero el asunto es: ¿Quién va asumir las derrotas? ¿Alguien tiene que hacerlo no? Alguien que no sea la derecha. Las elecciones sub nacionales de marzo de 201, han marcado una derrota importante para el instrumento: se perdió La Paz –“toda” –, alcaldía, gobernación y la alcaldía de El Alto; se perdieron las gobernaciones de Santa Cruz y Tarija, que pudieron recuperarse. El MAS perdió ocho de las diez ciudades principales del país. Y no se trata de consolarnos ni de mentirnos diciendo que no fue una derrota, porque lo fue. Una derrota causada por imposición de candidatas y candidatos sin legitimidad en las organizaciones sociales.

Las elecciones sub nacionales han reconfigurado la correlación de fuerzas políticas a nivel nacional, la derrota del MAS significa que la derecha casi enterrada en octubre de 2014 ha encontrado espacio y cuerpos para revivir, y con fuerza, fuerza que es alimentada por personajes como Félix Patzi, que van construyendo una tercera vía: el blanqueamiento funcional al sistema patriarcal capitalista colonial neoliberal, desde una supuesta clase media que se traiciona en sus orígenes, desde un pacto de aymaras doctores con mestizos, desde la familia, y desde la pareja, donde la mujer es otra vez un adorno.

El gobierno se ha negado a asumir esta derrota electoral y ha seguido como si nada pasara, como si fueran invencibles. Las organizaciones sociales parece que trataran de hacer lo mismo, pero no porque no se acepte o no se nombre, la derrota desaparece, todo lo contrario, va tomando cuerpo, va teniendo rostro de dirigente cívico potosinista y casco de cooperativista.

Es responsabilidad política de las organizaciones sociales asumir la derrota de marzo, analizar y comprender la nueva conformación política del país, crear una estrategia para enfrentar a la derecha partidaria y a la que se mete dentro de las mismas organizaciones. Y no se trata de enfrentarla a palos, tenemos que enfrentarla consolidando el proyecto político de país, de mundo, del vivir bien, de la comunidad, el proyecto que nos ayuda a caminar y no perdernos en la lucha anticapitalista antipatriarcal anticolonial, esa hubiera sido nuestra herramienta para hablar de organización a organización en los últimos conflictos, y no solamente poner plazo para que se solucionen las cosas, ese no es pues rol de las organizaciones, hay que proponer.

Es necesario que las organizaciones asuman la derrota para seguir caminando en este proceso con pies seguros, no en vano nuestras abuelas dicen que el tiempo es circular, que solo podemos ver y aprender de lo que ha pasado. Hermanas y hermanos, hay que ver lo que pasado en las elecciones de marzo pues!!!


* Feminista comunitaria.

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