noviembre 24, 2020

Extractivismos

Aunque las últimas noticias relacionadas a los casos de corrupción en el Fondo Indígena y la Policía Nacional nos llamaron la atención lo suficiente como para dedicarles un espacio en esta editorial, las declaraciones del presidente de los cooperativistas de Teoponte nos dan la oportunidad perfecta para reflexionar acerca de uno de los temas más discutidos sobre el actual Proceso de Cambio: el extractivismo.

A pesar de lo que muchos crean, esta palabra no impone necesariamente una carga peyorativa para las economías que lo ostentan. Después de todo, la economía global depende mucho del precio que las materias primas tengan en el mercado internacional; sin contar que toda Latinoamérica es de alguna forma, tal como lo demostró una investigación reciente de Eduardo Gudynas, extractivista.

Lo relevante de esto es que se ha convertido en un debate donde se considera que dejar atrás nuestro actual modelo económico primario exportador es una cuestión de voluntad. No, no lo es. Una dimensión no siempre analizada del problema está relacionada al papel que tiene nuestro modelo económico con la soberanía nacional.

Un estudio de Grant Burrier acerca del fallido corporativismo de la Revolución Nacional demuestra que una de las causas para que nuestro Estado perdiera autonomía frente a los EE.UU. fue nuestra dependencia financiera para con este país y las instituciones financieras internacionales como el FMI.

Aquella revolución tenía que soportar los gastos de la nacionalización de las minas, la reforma agraria y la construcción de un nuevo Estado más sus instituciones, como la Corte Nacional Electoral. El crédito internacional fue una forma de solucionar este problema, pero el costo de esta dependencia fue la total sumisión ante la potencia del norte. Esta revolución no tiene ese problema.

¿Qué pasaría si dejáramos de exportar materias primas? ¿Alguien recuerda los tiempos donde debíamos pedir préstamos a otros países para pagar los salarios de nuestra burocracia? El extractivismo, es por ello, una gran paradoja: no nos permite salir del círculo vicioso que muchos llaman “enfermedad holandesa”, pero interrumpirlo podría costarnos nuestra independencia nacional.

No obstante, el caso de las cooperativas es diferente. Se trata de un sector extractivo que representa pocos beneficios para la población boliviana en general y para las cuentas públicas. Aunque de alguna manera son un paliativo para el problema del desempleo que arrastramos desde la época del “ajuste estructural” de los 90s, han demostrado dar más problemas que soluciones. Por ello, es necesario reflexionar un poco acerca de qué tipo de extractivismo puede impulsarnos hacia un mejor futuro, y cual no.

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