noviembre 28, 2020

¿Más presupuesto para defensa?

Cuando el Comandante de las FF.AA. afirmó el último 6 de agosto, en el 190 aniversario de nuestra patria, que su institución requiere más fondos, seguramente muchos se preguntaron cuanto más presupuesto necesita un ejército en tiempos de paz. Aunque son bien conocidas las limitaciones de nuestro Estado para tener una presencia efectiva en todo el territorio desde su nacimiento como República, también es muy bien sabido que las FF.AA. han contribuido muy poco al respecto.

Desde principios de los años sesentas las FF.AA. tienen la competencia de velar por la seguridad de nuestras fronteras. Para lograrlo han emprendido un sinfín de planes de desarrollo y asentamientos poblacionales que fracasaron estrepitosamente y terminaron, a lo sumo, como Puestos Militares de Avanzada. También se creó, en los años ochentas, un Concejo para el Desarrollo de las Fronteras, a cuya cabeza está el ministerio de Defensa, que… fracasó, o nunca ejecutó políticas relevantes.

La creación de ADEMAF es, en ese sentido, un hecho sobresaliente, debido a que se trata de una institución que no solamente abarca el problema desde la seguridad sino también desde el desarrollo. La vida de la institución es reciente, pero debe aplaudirse este acto de preocupación institucionalizada por el desarrollo de la periferia de nuestro territorio. Mientras tanto, la Unidad de Desarrollo de las Fronteras del ministerio de Defensa ha tenido una actuación muy pobre en cumplir con el objetivo que le da su nombre.

Seguramente un estudio sobre la élite militar de nuestro país arrojaría resultados interesantes. Se puede decir que se trata del gremio con la identidad más desarrollada de cuanta corporación haya existido en Bolivia. Un militar del sur de Potosí y del norte de Pando pueden tener acentos diferentes, pero su doctrina es la misma. No obstante, no se niega el papel nacionalizaste de esta institución, pero se critica su constante pedido por más presupuesto.

Por supuesto, el gasto militar de Bolivia no es comparable de ninguna manera con el de otros países de la región, como Chile, Colombia o Ecuador, cuyos presupuestos para defensa superan el 2%, mientras que el boliviano, en 2012, llegó apenas al 1.22%. La cantidad de efectivos militares en servicio activo también parece indicar que nuestras capacidades de defensa están seriamente limitadas en relación con nuestros vecinos.

Con todo esto no se quiere decir que no es necesario equipar mejor a las FF.AA. del país, pero un hipotético aumento de presupuesto para esta rama debe ser totalmente condicionado a infraestructura, equipos y contratación de más personal, y no en mayores salarios, rentas y bonos para un sector de la población que ya tiene demasiados beneficios en comparación de otros cuyo aporte al país es igual o más significativo.

No se trata de una decisión simple, por supuesto. Aunque los objetivos marcados por la Agenda 2025 ponen más énfasis en el desarrollo económico, industrial y social del país, nuestros traumas históricos nos obligan a tomar seriamente el asunto de la defensa.

Finalmente, debemos tomar en cuenta que la seguridad interna también merece mayor cuidado. Aunque nuestro país tiene la menor tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes de toda Latinoamérica, el aumento de los feminicidios y de la percepción ciudadana respecto a un clima de mayor inseguridad harían necesario un aumento de presupuesto para la Policía Nacional, que debe incluir, por supuesto, una profunda reforma de sus estructura institucional, de la doctrina de su personal y de sus comandantes y mandos altos.

Por lo tanto, urge el debate acerca de si es necesario aumentar el presupuesto a las FF.AA. y de suceder, en qué condiciones.

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