diciembre 4, 2020

¡Democracia real Ya!

por: Carla María Ariñez Sanjines

¡Democracia real Ya! “No somos mercancías en manos de políticos y banqueros” nace como un grito de guerra que fue cobrando fuerza como un movimiento en España. Encontraron camino en las manifestaciones sociales convocadas para el 15 de mayo de 2011, que luego sería conocido como el movimiento 15-M o movimiento de los Indignados. Posteriormente siguiendo esta forma de organización y deliberación nace el movimiento Occupy Wall Street que a su vez mantiene la consigna de ¡Democracia Real Ya! Más allá de la consigna exploremos ¿qué es lo que se entiende por democracia real?

Si democracia en su propia definición ya incluye al pueblo (demos del griego pueblo y kratos autoridad, poder o gobierno) ¿por qué se entiende por democracia real aquella donde los ciudadanos sean consultados y tenidos en cuenta bajo tres principios fundamentales de soberanía popular, libertad e igualdad? No basta con el ejercicio del voto sino que los ciudadanos sean escuchados y respetados en el proceso. Ese es el reclamo de los movimientos sociales que recorrieron el mundo pidiendo ¡Democracia real Ya!

La diferencia también radica en que estos movimientos no sólo utilizaron unos medios para comunicarse, organizarse y participar. Lo primero es que nacieron de forma digital. Apenas surgió la convocatoria a participar la gente la twitteó, la retwitteó, la posteó en Facebook, sacó videos en Youtube… en resumen: en cuestión de horas habían millones de personas convocadas a través del ciberespacio. Hemos pasado del megáfono de antaño al click.

Una vez se instalaron las acampadas, se formaron asambleas. El modo de organización de estos movimientos era muy similar. Se crearon distintas comisiones que se encargaban de medios de información, comida, financiamiento, etc. Y los temas que afectaran a todos los acampados se trataban en la asamblea general. Todos podían presentar temas en la asamblea, se debatían y se llegaba a un consenso (según cada acampada era un consenso total o del 90%). En caso de no llegar al consenso la persona debía revisar su propuesta y volver a plantearla. Todos debían participar a menos que prefirieran abstenerse.

En todas las acampadas se operaba de la misma manera y todas estaban orgullosas de contar con lo que la mayoría llamaba una democracia real y participativa. La ausencia de líderes hacía del movimiento un ente horizontal donde la palabra de todos y el voto de todos eran iguales. Pensemos en mayor escala. La utilización de las redes sociales además de ser operativa, rápida y útil es una forma en sí de transformar lo individual en colectivo en segundos. Curiosamente se ha utilizado para la protesta más que para la propuesta. ¿Cuánto nos hubiera tocado debatir hasta conseguir que la propuesta de alguno de los partidos logre convencer al menos al 90%?

Viendo las elecciones pasadas, vemos de nuevo la importancia de las nuevas tecnologías y las redes sociales. Nos enteramos de los resultados en Japón casi antes que ellos (aunque tocó borrar el tweet más rápido que el tiempo que tomó escribirlo). Veamos pues cómo han cambiado las formas de organización. En estos movimientos que surgieron en el siglo XXI las nuevas tecnologías y las redes sociales fueron fundamentales. Como expresa Manuel Castells, gracias a las nuevas tecnologías se logró crear una red de comunicación global en tiempo real. Sin embargo más han servido para unir en el debate que en la construcción de sociedades más justas fuera del ciberespacio.

Byung-Chul Han refiriéndose al enjambre, habla de la idea del enjambre digital, como un grupo de individuos aislados que no llegan a crear masa pues no cuentan con alma, con espíritu. Él lo describe como una percepción de ruido, que no se manifiesta en una voz. En el caso de estos movimientos sociales se podría pensar que sí cuentan con una voz general, y que al unirse con el espacio físico pierden este aislamiento. Castells trata de mostrar que lo que se intentaba con estos movimientos era fomentar la participación individual y estructurar la acción colectiva.

Por primera vez se logra unir el ciberespacio con el espacio urbano. En el ciberespacio se está tratando de plasmar aquello que se está haciendo en el espacio urbano. A lo que viene la pregunta, ¿para quién posteamos? ¿La idea de twittear, retwittear y postear es exclusivamente una forma para convocar a más gente o además es una forma de justificarnos a nosotros mismos y sentir que esa lucha tiene más peso? Como boliviana, ¿qué gano yo sabiendo que hay gente ocupando una plaza en España? ¿Me da más fuerza en mi lucha? ¿Nuestras luchas son iguales? ¿Hasta qué punto nos afectan esos tweets a nivel de subjetividad para orientar la lucha?

La indignación se ha vuelto global, como decía el movimiento Occupy Wall Street, somos el 99%. Pero ¿somos el 99% buscando el mismo fin? ¿Aquello que piden en España (no recortar para mantener el estado de bienestar) es lo mismo que se pediría en Bolivia, por ejemplo, donde no se cuenta con el estado de bienestar europeo? Podemos compartir sentimientos, ideas y aspiraciones a través de los medios sociales pero es mucho más difícil el momento de construir una sociedad más justa. La idea de revolución podrá ser twitteada, pero se necesitan mucho más de 140 caracteres para cambiar las estructuras que oprimen a la mayoría. ¡Democracia real Ya! Solo tiene 20 caracteres.

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