noviembre 26, 2020

¿Efectos en la economía nacional por reducciones en los precios de las materias primas?

Por estos días los analistas criollos se empeñan en difundir por los conocidos medios de comunicación, efectos poco menos que apocalípticos que tendría la actual caída de los precios internacionales de las materias primas sobre la economía nacional. Días antes Ramonet [1] calificaba de “gran victoria electoral” la del Presidente Morales a tiempo de plantear militante e inteligentemente su explicación; dudo si los analistas iniciados o no en la “ciencia económica”, estén de acuerdo con ella.

Percibe “pleno empleo”, “auge de la construcción” y una “tecnología futurista […] por las coloridas cabinas, elegantes y etéreas como pompas de jabón” del teleférico. Siente y no creo que sólo por su andar entre La Paz y El Alto, que “el país es efectivamente otro […] distinto al de hace apenas un decenio”, cuando los “gobernantes se pasaban la vida implorando préstamos” a gobiernos extranjeros y organismos internacionales, en tanto que las “grandes empresas […] extranjeras saqueaban el subsuelo y pagaban al Estado regalías de miseria”, acentuando la dependencia y el “expolio colonial”.

El mismo artículo también refleja en lenguaje muy coloquial para los analistas aunque no por ello evidente, el crecimiento del PIB a “una tasa promedio del 5% anual” desde el 2006, de 6,8% en 2013 y que superará al 5% en 2014 y 2015, según las previsiones del FMI. Este es el porcentaje más alto entre todos los países de la región, con una tasa de inflación menor a 6% calificada acertadamente por Ramonet como “moderada y controlada”.

En el sector fiscal aprecia un gasto público razonable aún con la expansión histórica de la inversión estatal por sobre los $us 6000 millones año, y una proporción contundente menor del gasto propiamente corriente como es el pago de sueldos a los servidores públicos entre otros gastos recurrentes, y el gasto en inversión. Así este año el superávit será algo más del 2,5% del PIB y si de rankings se trata, coloca al país como el segundo en la región “con mayor superávit fiscal […] en los últimos 8 años”.

Asimismo conoce la población lo que también destaca Ramonet; que la cuantía de las reservas internacionales, $us 15.325 millones a principios de noviembre de éste año, 49% como porcentaje del PIB, sitúa al país “por primera vez a la cabeza de América Latina, muy por delante de Brasil, México o Argentina”. Esta cuantía se contrasta con la acumulada año tras año durante todo el período neoliberal, que apenas superó los mil millones de dólares.

Por su parte, el grado de endeudamiento externo que en 2013 fue 17.7% del PIB y 17.1% en promedio anual entre 2006-2013, en tanto que llegó a 62.9% del PIB entre 1996 y 2005 también en promedio anual, [2] se contrasta notablemente al de todo el período neoliberal (1985-2005) e incluso si se añade a éste el grado de endeudamiento correspondiente a 1970-2004. No fue en vano entonces que el FMI, Banco Mundial y otros organismos internacionales calificaran a Bolivia como un “país pobre y altamente endeudado”.

Es ocioso y aburrido a los lectores seguir contrastando indicadores macroeconómicos convencionales entre 2006 y hoy en día, con los correspondientes no sólo al periodo neoliberal, sino incluso abarcando en ello a los indicadores de los treinta últimos años del siglo XX. Dejemos este trabajo a los analistas criollos; pero la diferencia es sin duda contundente.

Lo relevante aquí es considerar que entre 2006 y 2014 tanto como entre 1970 y 2005, la economía mundial experimentó el comportamiento cíclico, propio del capitalismo mercantil, con sub-períodos del ciclo del “crecimiento económico”, así llamado por los economicistas, que se suceden entre sí: expansivos los primeros hasta que llega a un máximo relativo, para desacelerarse después hasta llegar a una crisis, como la que visiblemente experimenta el sistema mundo capitalista desde el año 2008, aunque los indicadores convencionales del desempeño de la economía nacional en éste proceso de transición, son comparativamente muy positivos respecto a los de 1970-2005.

También coincidimos con Ramonet cuando indica que particularmente la exportación de gas natural y de minerales juega un papel importante en la “bonanza económica” del proceso de cambio; aclaramos además que no es sólo por el volumen exportado más alto de esta producción respecto al pasado, sino por los precios también relativamente mayores a los que se exportaba por ejemplo en los últimos años del siglo XX y primeros de éste, pero en condiciones de economía política muy distintas no sólo en Bolivia sino en el mundo.

Es que el “motor” de la actividad económica nacional en cuanto a nivel de producción, empleo, ingreso, demanda y control del excedente productivo, se genera y re-dinamiza al interior, dentro, de la propia economía nacional. Esto no significa que una reducción muy acentuada y prolongada en el tiempo de los precios de las materias primas no afectaría al desempeño económico nacional, pero sin duda no es el caso actual.

Asimismo cabe considerar que ya en el Plan Nacional de Desarrollo del 2007 y en la Agenda 2025 se ha formulado y plantea alcanzar la soberanía productiva, como un objetivo estratégico del actual proceso de cambio estructural. En procura del mismo, la minería estatal no se limitará a la inmediata extracción de minerales metálicos y no metálicos, de concentrados, [3] para exportarlos como materia prima.

La COMIBOL se encamina a industrializar la materia prima y desarrollar “en nombre del Estado y el pueblo boliviano”, [4] cadenas productivas de trasformación y agregación de valor, previamente a su exportación debiendo incluso atender prioritariamente las necesidades que plantea dicho objetivo, desplegando y desarrollando “actividades de prospección, exploración, explotación, concentración, fundición, refinación”, así como de “comercialización e industrialización de minerales”, metálicos y no metálicos. [5]

Finalmente conviene indicar que los ciclos económicos del capitalismo mercantil que ya en el siglo XIX fueron estudiados y explicados a fondo no sólo por Marx, sino también por el pensamiento y la acción revolucionaria posterior a éste, no se generan ni se reproducen mecánicamente en todo tiempo y lugar; que no tienen vida propia, más allá del bien y del mal; no son ni muchos menos materia de análisis economicista, abordable con métodos econométricos reduccionistas y ajenos a la realidad.

Por lo tanto sus efectos sobre los precios de exportación de las materias primas, más aún en formaciones sociales como las de la región inmersas en el sistema capitalista mundo, aunque en el caso nuestro forjando procesos de liberación nacional, mal podrían tratarse con un enfoque que fetichiza al mercado e ignora la situación concreta de la lucha de clases y de las relaciones sociales, en el plano nacional como internacional, de producción y comercialización de mercancías.


1 Ignacio Ramonet; “Bolivia está cambiando”. Le Monde Diplomatique; 4/11/2014.

2 Fuente: Banco Central de Bolivia,

3 Cuya exportación se castiga tradicionalmente reconociéndole sólo el 45% del valor FOB exportado; el 55% restante se considera carga sin valor comercial, aunque entre ella se regalan al exterior minerales tan valiosos como el indio mezclado con ella, hoy altamente cotizado por su escasez y demanda para producir telefonía móvil, tablets y pantallas de cristal líquido.

4 Textual del artículo 61, I. de la Ley de Minería Nº 535, actualmente vigente.

5 Idem, debiendo considerarse que en el numeral II se establece que el “objetivo es lograr el desarrollo productivo diversificado, la transformación de la matriz productiva minera, el desarrollo industrial y la generación de excedentes…”.

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