septiembre 22, 2021

Cómo se grabó la música boliviana en el pasado

Por Sergio Salazar Aliaga *-.


Existe un libro interesante titulado La Ópera Chola, Música Popular en Bolivia y Pugnas por la Identidad Social, de Mauricio Sánchez Patzi. Para quien no lo conozca, el autor es sociólogo, profesor, artista plástico, poeta y percusionista.

En su trabajo menciona que el primer disco de rock en Sudamérica fue grabado en Bolivia; complementa que lo escribió un autor argentino llamado Marcelo Pizarro y que en la ciudad de Yacuiba, Tarija, municipio fronterizo con la Argentina, encontró un disco grabado en 1957 de los Fabulosos Montero García, músicos bolivianos.

Tras las huellas de dicho disco encontré un artículo de Luis Enrique Jara: “Sonidos perdidos”, publicado en El Diario, donde testifica que tiene un disco de carbón grabado por la Orquesta Setaro (cueca boliviana) en el año 1916, con la etiqueta “Graciela” y el sello discográfico Víctor.

Sellos Víctor graba por primera vez en 1917 con María Paz Gainsborg, a cargo Charles Althouse.

Además de contar que “en 1903 los franceses Crequi Montfort y Senechal de La Grange hicieron 27 grabaciones bolivianas no comerciales, o el alemán Robert Leheman Nitsche en 1906 hizo la única grabación no comercial boliviana, titulada ‘El Indio Chiriguano’. Hasta aquí las grabaciones fueron hechas en cilindros de cera”. Otro dato importante que da Sánchez es que en 1910 el empresario boliviano Gerardo Argote grabó el primer disco comercial de música local, siendo el “Himno Nacional”.

En 1959 deja de grabarse con cilindros de cera y discos de carbón de 78 RPM, apareciendo así los discos de vinilo.
Hay una disquera que hasta el día de hoy sigue en la calle Libertad, a cuadra y media de la Plaza 24 de Septiembre, en la ciudad de Santa Cruz. El estudio se destaca por grabar a mujeres populares como Gladys Moreno, Las Hermanas Arteaga y Pepa Cardona: Discos Méndez.

En un ensayo que leí de Claudia Pardo Garvizu, titulado “Desenterrando las vibraciones sonoras del siglo XX”, se explica que el grupo Los Peregrinos, conjuntamente con el órgano de Guillermo Butikoffer, grabaron un disco en 1951, con Discos Méndez, y en su lado A aparece el famoso hayño “The Strongest” o “Negra Zamba”; y en el lado B está la cueca “Bolívar”, o más conocida como “A las cuatro de la tarde”, el clásico de fútbol paceño.

Por otra parte, lastimosamente no existe un registro oficial, al contrario, los datos discográficos nos indican que en Bolivia era muy difícil grabar, por eso existe una pérdida casi absoluta de artistas bolivianos como Moisés Alurralde, Jorge Schulze, Feliciano Guillén, Majin Mercado, entre muchos, quienes fueron encontrados por datos de otros músicos que sí pudieron grabar, como fue la suerte del maestro Simeón Roncal, de Adrián Patiño y Manuel Elías Coronel.

En el libro de Isaac Rivera La música popular boliviana de principios del siglo XX, este sentencia que hasta el día de hoy no se ha encontrado nada de los primeros artistas mencionados.

Las primeras empresas de grabaciones en Bolivia empiezan en el año 1963: con Discolandia, cuando Miguel Dueri, en ese momento parte de la Orquesta Sinfónica de Bolivia interpretando el violín, decidió abrir su propia empresa de grabación y fabricación de discos. El año 1958 viajó para traer micrófonos alemanes, consolas norteamericanas y abrir el primer estudio de grabación. Recién el 13 de diciembre de 1963 el imitador Airto Rau pudo grabar la primera canción, “Horizontes”, del grupo chileno Los Hermanos Arriagada.

También destaca Lauro & Cía, de Laureano Rojas, agricultor que se dedicó a la lechería y quesería, que se expandió en la música en un momento donde el folklore nacional no era muy bien visto. Él decidió apoyar a artistas con la creación del Festival Lauro de la Canción Folklórica, y después, grabándolos, creó Lauro Records, su propio estudio de grabación.

Con el tiempo fueron apareciendo otras casas disqueras, pero de muy mala calidad. Existen distintas circunstancias que afectan de forma muy negativa al sector profesional de la grabación, una de ellas es no actualizar la tecnología acorde a lo que se necesita, lo que permite a lo mucho crear buenos estudios caseros.

Otro dato no menor es que estas casas discográficas comenzaron a regrabar discos, uno de los primeros fue de The Beatles (“Please, please, me”), grupo británico de música rock y pop. En ese tiempo todavía no existía la serigrafía ni los impresos en Bolivia, todavía eran muy rústicos, por lo que se dibujaban las tapas de los discos, razón por la que la primera tapa de The Beatles pusieron un subtítulo: “Las escobas que cantan”, copiada de una versión de Colombia.

Esta primera versión es muy requerida para los coleccionistas y en este último tiempo los vinilos se han vuelto muy demandados, además me hace recuerdo a una anécdota cuando comenzaba el mundo digital. Ahí, por 1988, cuando el músico y productor Steve Albini escribió un mensaje lleno de rabia en el encarte del último LP de Big Black, Songs About Fucking: “El futuro pertenece a los leales a lo analógico. Que se joda lo digital”. Haciendo honor a los vinilos.

Existe un archivo fonográfico boliviano fundado por los músicos e historiadores de música Isaac Rivera y Fernando Hurtado, el archivo se llama “Ajayus de antaño”, especializado en discos de 78 RPM, encargado de recuperar material desde 1910 hasta 1960, un archivo que recibió dos donaciones muy importantes, primero, la del Dr. Bernardo Fischerman con 80 discos de vinilo; y luego, de la señora María Eugenia Montes, con 400 discos de carbón, entre música nacional e internacional.

Los discos de carbón son anteriores a los discos de vinilo, los surcos son un poco más profundos, son hechos de grafito y se reproducen solo a 78 RPM. El disco de vinilo apareció en 1948 por la compañía norteamericana Columbia Records.

Es importante reconstruir nuestra memoria histórica, soy creyente de que un país que quiera ser adulto, desarrollado y con personalidad necesita mirar para atrás, para caminar mucho más sólido.

Soy creyente que la cultura, sobre todo la música, al reconocer su pasado te da la potestad de construir un lenguaje propio. Como decía María Claudia Pardo en su bello ensayo: “El roce de la aguja con su ruta va desenterrando viejas vibraciones que devuelven al presente los sonidos de un pasado. Aquella música que retorna para conmover y convocar a otras creaciones, a otra música. Esa que seguramente volverá a definir a la sociedad en un presente y también en el futuro”.


* Cientista político.

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