septiembre 22, 2021

CELAC, retos y proyecciones: hacia una nueva América La segunda independencia

Una zona de paz, desarrollo, vida y felicidad, así definió de manera simple, optimista y contundente el presidente Hugo Chávez los retos y proyecciones de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), que nace a principios de este diciembre en Caracas.

La unión

Como objetivo de corto, mediano y largo alcance, para evitar las intromisiones y las injerencias, se constituye como el principal reto y así lo señaló el presidente Raúl Castro: “es el hecho institucional de mayor trascendencia en nuestro hemisferio durante el último siglo pues por primera vez nos agrupamos nosotros mismos, todos los países al sur del Río Bravo”.

Esta unidad continental —reto mayor y base de todos los procesos de cambio que se desarrollan en países como Bolivia, Venezuela, Ecuador, Nicaragua…— llega en el mejor de los tiempos posibles: cuando Estados Unidos arremete en plena crisis económica y financiera de manera ferozmente bélica en diferentes partes del planeta. La CELAC debe constituirse en un escudo de paz, en un arma disuasoria de guerras interesadas cuyo objetivo principal es la muerte y el saqueo.

El acercamiento de nuestros pueblos debe ser otra tarea a proyectarse en el corto plazo. Centroamérica y especialmente el Caribe han vivido demasiados años —producto de estrategias bien calculadas de los diferentes imperios y ex imperios presentes en la zona— de espaldas a sus vecinos sudamericanos que avanzan con la conciencia firme en la integración. La CELAC debe ser esa cancha donde toda la América se conozca y se colabora. El ministro de Relaciones Exteriores de Uruguay, Luís Almagro, es un ferviente creyente que la CELAC acercará a Centroamérica y al Caribe, “por lo que se transformaría en el foro más importante de América, en el cual se puede mantener un diálogo con las naciones de esa área, levantando un espacio integrador en América Latina, aspirando a ser entre todos interlocutor válido de los países latinoamericanos y caribeños, en el ámbito internacional”.

Así el fortalecimiento de las relaciones mundiales Sur-Sur y el avance en la construcción de un mundo multipolar —fines de los países de la ALBA— se deben ver consolidados y relanzados con la CELAC.

Las otras “uniones”

No obstante es necesario no desconocer que paralelamente a la CELAC (Unasur y la ALBA) se diseñan y construyen organismos internacionales que tratan de rivalizar con estos partos de unidad: es el caso del Acuerdo-Arco del Pacífico que reúne a México, Costa Rica, Panamá, Perú, Colombia y Chile, al que se sumará probablemente Guatemala, después de los resultados de las elecciones de noviembre. En la correlación de fuerzas que actualmente favorece a los gobiernos progresistas de diferentes tendencias desde el centro izquierda a los revolucionarios, la CELAC nunca debe ser instrumentalizada para abrir los senderos de la injerencia o el neoliberalismo. No nos olvidemos que Estados Unidos no se queda mirando del palco como avanza la integración soberana e impulsa con fuerza áreas como la reciente creación de la zona de libre comercio más grande del mundo —impulsada por Estados Unidos— la APEC (Fondo de Cooperación Económica Asia Pacífico) donde están presentes Chile, México y Perú.

Sin lugar a duda, las presiones existirán sobre la CELAC y vendrá de estos dos grandes grupos: Acuerd-Arco del Pacífico y la APEC. Sin lugar a dudas que la primera economía de toda la CELAC, el “planeta” Brasil jugará una baza importante para ganar la partida. ¿Podrá ser incluso Lula —recuperado de su cáncer— un futuro presidente de la CELAC?

El declive de la OEA

Como bien ha escrito el politólogo Xavier Rodríguez Franco, otro de los retos de la CELAC es consolidar el declive de la OEA (Organización de Estados Americanos). “La OEA debe dejar de ser una prioridad diplomática en nuestro continente. En la actualidad sus embajadores son diplomáticos cercanos a su jubilación y sus resoluciones tienen cada vez menos pertinencia y margen de influencia en unas circunstancias globales cada vez más inciertas, amenazantes y donde los unilateralismos tienen poco asidero práctico”. La CELAC viene a ser un adobe más en esta nueva arquitectura internacional regida por el multilateralismo y la crisis del imperio unicolor. En este sentido el presidente ecuatoriano Rafael Correa propone cambiar el sistema interamericano de la OEA al tener “un sesgo hacia la institucionalidad estadounidense donde su presencia es demasiado obvia”. A escasos días de la inauguración Correa fue incluso más lejos, con la valentía innata que le caracteriza: “la CELAC debe reemplazar a la OEA, para alcanzar la segunda y definitiva independencia”.

El desarrollo sostenible

Tendrá que pasar irremediablemente —dada la crisis sistémica del capitalismo que llegó para quedarse— por fortalecer la unión de Nuestra América (esta vez sin la presencia amenazante de Estados Unidos) con el objetivo de promover nuestro desarrollo económico y social e ir derrocando, sin prisa pero sin pausa, el hambre, la miseria, la exclusión y la pobreza. Promover la integración bajo un modelo de desarrollo sostenible e impulsar la cooperación entre los diferentes mecanismos actualmente existentes a nivel regional como el Mercosur, la Comunidad Andina de Naciones, CARICOM, ALADI, SELA y los nuevos esquemas de la UNASUR y ALBA.

El presidente del Parlamento Latinoamericano, el venezolano Rodrigo Cabezas, apuesta como horizonte de futuro por un gran espacio de encuentro de América Latina “para reafirmar el sueño de nuestros libertadores, es posible que en este siglo se conforme un nuevo bloque económico-político que potencie un espacio de integración económica donde la competencia de tipo capitalista no esté presente, como ya está vigente en la ALBA. Pocas veces se ha visto en la historia republicana de América Latina una dinámica como en los últimos años con relación al tema de la integración política, económica y social”.

En materia de desarrollo, la CELAC debe aspirar a convertirse —como ha señalado el economista salvadoreño Godofredo Aguillón— en “un efectivo contrapeso continental ante los Estados Unidos y su economía en un contexto mundial más globalizado, ahí debe estar su mayor fortaleza”. Soluciones conjuntas en educación, inclusión, seguridad, narcotráfico… deben ser parte de las primeras acciones a tomar por la CELAC en sus próximas reuniones tras el nacimiento en Caracas este diciembre.

Las economías latinoamericanas atraviesan un buen momento y la integración deber sumar más si cabe. Organizar foros entre los 33 países que asisten a Venezuela para tratra sobre desarrollo, reformas estructurales e impulso de infraestructuras junto a la creación de alianzas estratégicas entre todos los sectores sociales nos ayudarán a encarar mejor la crisis capitalista —proponiendo alternativas— e impulsar nuevos proyectos de desarrollo inclusivo.

Quedará pendiente como reto y desafío integrar el comercio justo de los pueblos que suscribieron la ALBA con las zonas de libre comercio de los países del Mercosur. Y quedará como reto a largo plazo la creación de una moneda única en toda la región para dejar de depende del dólar y las instituciones financieras mundiales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, construyendo una arquitectura financiera propia. Nuestra América tiene las reservas internacionales, los ahorros y la liquidez para financiar su propio desarrollo sostenibles. En este campo el presidente Correa propuso hace meses reducir la autonomía de los bancos centrales pues “dificultan la independencia de las finanzas de la región al enviar reservas al exterior”.

Seguridad

La CELAC —como lo está haciendo ya la Unasur— debe profundizar la cooperación respetando la soberanía de los Países para reducir los niveles de inseguridad ciudadana, los más altos del mundo en Nuestra América teniendo en cuenta los porcentajes de población, luchando especialmente contra el poder omnipresente del narcotráfico. En cuanto a la defensa regional —donde el consejo de defensa de la Unasur ya ha dado sus primeros pasos— se debe avanzar para conseguir un mecanismo seguro con la participación de todos los sectores sociales.

*          Ricardo Bajo Herreras es director de Le Monde Diplomatique-edición boliviana. Esta nota fue también publicada en la revista Correo del Alba.

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