diciembre 8, 2021

La esclavitud del siglo XXI: La trata y tráfico de personas

Niñas, niños y adolescentes en el mundo entero son víctimas de la trata y tráfico de personas, como forma de violencia extrema, donde Bolivia se encuentra entre los cinco países de Sudamérica con más casos, junto a República Dominicana, Paraguay, Brasil y Argentina, según la OEA, y lo más dramático es que este problema crece cada día sin respuestas ni soluciones concretas.

Estamos ante un drama humano de escalas gigantescas, drama que vive cientos, miles, de familias en estos países, a las que carcome la impotencia y el dolor ante la desaparición de sus seres queridos. Y es que asistimos a un tiempo en el que el sistema capitalista ya no tiene límites, y ha convertido a las personas en una mercancía más, en un negocio “rentable”, y lo peor es que la sociedad lo ve hasta con cierta normalidad. Ya nadie se sorprende, a nadie conmueve realmente como para movilizar y generar acciones colectivas contundentes.

La trata y el tráfico de personas, considerado un delito que mella los derechos humanos, ha mostrado un crecimiento desmesurado en Bolivia, afectando en mayor medida a niños, niñas y adolescentes. Este problema que se constituye en una parte importante de los delitos delincuencias, ocupa el tercer lugar después del tráfico de armas y el narcotráfico, los negocios ilícitos más rentables en el mundo, según estudios de la Organización de los Estados Americanos (OEA).

Es considerado por diversas instituciones internacionales como “la esclavitud del siglo XXI”, dadas las características cómo opera este delito, que se constituye en una forma de crimen de lesa humanidad, que día a día se incrementa de manera dramática.

La trata y tráfico de personas figura entre las formas extremas de violencia, de la que si bien no se dispone de datos precisos que cuantifiquen los casos y den cuenta de la situación real, es bien conocido que se trata de un problema que día a día atenta contra los sectores más vulnerables como ser las y los niños y adolescentes, donde las mujeres son las más afectadas.

Es oportuno preguntarnos como sociedad y a las instituciones que la componen. ¿Qué hace el sistema educativo, el sistema judicial, la Policía, los medios de comunicación y las distintas organizaciones que trabajan con temas relacionados a la niñez y adolescencia, respecto de promover información y acciones orientadas a la prevención y sanción del delito de trata y tráfico de personas, siendo que se trata de un problema de tanta magnitud? ¿Qué hacemos en nuestros hogares para buscar información sobre el tema y educar e informar a nuestras hijas e hijos sobre las conductas de riesgo?

En las últimas semanas hemos visto cómo en las redes sociales y la prensa ha empezado a circular más y más casos de niños y niñas desaparecidas. No podemos quedarnos sentados, esperado que ocurra un milagro. Debemos actuar, exigiendo mayores esfuerzos de las instancias de seguridad ciudadana, y que en las escuelas y los hogares dediquen algún tiempo para instruir y advertir sobre los peligros que corren adolescentes y niños y niñas.

Es bien sabido que la comunicación, la información y la movilización social juegan un rol fundamental para contribuir a la prevención. Hay mucho por hacer. Todos podemos aportar y es necesario empezar hoy mismo.

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