septiembre 19, 2021

Educación, escolarización y pandemia

Por  Noel Aguirre Ledezma-.


Estamos a días del inicio de la gestión educativa y escolar 2021, un periodo cuya característica son la incertidumbre y retos. Por un lado, caminamos en medio de una tormenta que a su paso produce daños, es la pandemia, un hecho que marca una disrupción de tal magnitud que altera radicalmente la vida de las personas, sociedad y Madre Tierra. Por otro lado, en términos de aprendizajes, se tiene que recuperar el año perdido (2020) y procurar la mayor regularidad y calidad de las actividades educativas en 2021.

Ahora más que nunca corresponde comprender a la educación en su justa dimensión. A propósito de ello, el educador popular brasileño Pedro Pontual nos hace recuerdo que “la educación es mucho más que la escuela”; mientras la pedagoga ecuatoriana Rosa María Torres afirma que “escolarizado no es lo mismo que educado… la educación no se limita al sistema escolar…; la educación es cada vez más desparramada y ubicua…”.

La institucionalización de la educación en sistemas escolares solo es una forma particular de educación. Esta se realiza en el ámbito escolar (inicial, primaria, secundaria, universidad, entre otros) y también en los hogares, barrios, comunidades y centros de producción, en la interacción con grupos sociales, medios de comunicación social, medio natural, etcétera. Además, es un bien público, sin dejar de reconocer la responsabilidad específica de las instituciones y organizaciones del sector; la educación tanto en la formulación, ejecución y evaluación de políticas educativas como en la realización de los procesos educativos es un bien que incumbe al conjunto de los seres humanos. En tiempos de pandemia, la educación que tantas veces fue tratada de ser encerrada en las aulas, en el mundo de la escuela, producto de la medida de emergencia de paralizar las clases presenciales en todo el mundo y acudir a la educación a distancia –principalmente en línea–, de pronto con mayor intensidad retorna al ámbito de la familia y sus entornos, mediada por las contemporáneas Tecnologías de Información y Comunicación (TIC’s).

El reto no solo es comprender que la educación es mucho más que la escuela y que es un bien público, sino interactuar en consecuencia. Tenemos que reposicionar el rol estratégico de la educación para desarrollar el Vivir Bien; establecer alianzas entre los actores políticos, sociales, productivos y educativos del nivel nacional y ámbitos subnacionales para asegurar adecuadas condiciones materiales y fundamentalmente la calidad y pertinencia de aprendizajes; hacer que la sociedad se afirme en su rol educador; exigir a las autoridades educativas nacionales, departamentales y distritales que cumplan su rol de generadores, orientadores y ejecutores de políticas educativas a la vez que las familias –a pesar de sus limitaciones sociales y económicas– reafirmen su papel de educador. La pandemia, para ser encarada en el ámbito educativo como corresponde al presente periodo, exige la corresponsabilidad del conjunto de la población sin menoscabo de las responsabilidades de las instancias correspondientes. También supone el desarrollo de todos los subsistemas educativos –Educación Regular, Educación Alternativa y Especial y Educación Superior– en similares condiciones y armonía de funcionamiento.

Consecuente con lo dicho, la educación no puede quedarse en la búsqueda de “pasar clases a como dé lugar” y “avanzar materia solo por cumplir planes”. La educación es mucho más que todo ello. La educación tiene que cuidar que los aprendizajes sean pertinentes y de calidad, es decir, crear capacidades en las distintas dimensiones del ser humano, por ejemplo, en la capacidad de crear, recrear y adquirir saberes y conocimientos con sentido crítico y reflexivo; en el desarrollo de valores y principios, así como en la afirmación de la identidad y el sentido ético; en la convivencia con su comunidad y el conjunto de la sociedad, en la capacidad de tomar decisiones con sentido desde sus valores, principios, saberes y conocimientos; la capacidad de crear bienes materiales, así como producción intelectual y cultural retomando los saberes, conocimientos, ciencia y tecnología de su cultura y de las culturas del planeta. En estas épocas una persona “ilustrada” solo por conocimientos no responde a las circunstancias del contexto ni al carácter holístico de ser humano, es necesario su desarrollo integral en interacción con su comunidad. De manera específica, la revisión de la currícula para establecer prioridades así como incorporar aprendizajes sobre temática socio-emocional es absolutamente necesaria.

Teniendo la constancia que la pandemia está originando serios problemas en el bienestar emocional y social de los estudiantes, ¿es posible que se ignore la formación en torno a esta problemática, aún más si distintos estudios señalan que hay que constituir una sociedad resiliente?

Otro tema a considerar es la educación por medios virtuales. En medio de la pandemia se han puesto de moda aplicaciones y plataformas como Classroom, Zoom, Meet, entre otras, a la par de las acciones de organismos internacionales y empresas de telecomunicaciones. En el intento de sostener las clases, en muchos casos de manera mecánica, se traslada de la educación presencial a la educación a distancia en línea. No se toma en cuenta que la educación virtual supone cambios substanciales en los procesos educativos, como el manejo del tiempo y espacio, así como la comunicación y las relaciones. En el fondo, es tiempo de revisar la concepción y el sentido de la educación, así como la pedagogía, didáctica y metodología. Parte de ello también son los procesos de formación de los maestros que no pueden ser solo del uso de las plataformas y aplicaciones, sino además de las implicancias pedagógicas del cambio de modalidad de la educación.

No hagamos educación únicamente por cumplir, la educación de nuestros hijos no se merece una acción reactiva.


  • Pedagogo, educador popular y exviceministro de Educación alternativa y Especial.

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